Casimiro Sainz Saiz
Casimiro Sainz Saiz.
La magia de un pintor preciosista con una obra de gran calidad que merece ser conocida.
El paisaje y la pintura de género de un pintor de gran calidad artística.

«Mañana en los alrededores de Madrid». Oleo sobre tabla. Casimiro Sainz Saiz.
Casimiro Sainz, una vida entre Cantabria y Madrid.
Casimiro Sainz Saiz nació en Matamorosa, Cantabria en 1853 y murió a la temprana edad de 45 años en un sanatorio del barrio de Carabanchel en Madrid en 1898.
Este pintor que se le puede relacionar con Fortuny por el preciosismo en su pintura, vivió entre su vocación por la pintura pero también por el sufrimiento debido a problemas de salud de distinta índole.
Esa sensibilidad que caracteriza a muchos artistas y que en el caso de Casimiro Sainz es mucho mayor y que se ve reflejada en su obra, le llevó hasta un asilo de enfermedades mentales al final de sus días.
Fue uno de los paisajistas más singulares y con una calidad extraordinaria del realismo español del siglo XIX, un artista cántabro cuya obra remueve una sensibilidad lírica profunda, un apego casi místico a la naturaleza de su tierra montañesa y una técnica precisa.
Destacan dos vertientes en su pintura, por un lado los paisajes montañeses, por otro el paisaje madrileño y los temas costumbristas.
Su carrera artística también tiene paralelismos con la de Fortuny al ser muy breve ya que estuvo marcada por la tragedia personal de una enfermedad física crónica y problemas mentales que lo llevaron al psiquiátrico.
Otro gran pintor que tuvo como maestro al gran Carlos de Haes, formándose en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Su pintura tiene ese carácter propio del paisajismo español de fin del siglo XIX.

«Alrededores de un convento». Oleo sobre lienzo. Casimiro Sainz Saiz.
No se conoce demasiado de la vida de Casimiro Sainz, es algo frecuente en la vida de los pintores que por algún motivo no son muy investigados y cuesta a menudo recopilar información.
Este fue uno de los motivos de crear este espacio, para que de alguna manera se de a conocer la obra de calidad de todos estos pintores.
Nació el 4 de marzo de 1853 en Matamorosa (Cantabria), fue hijo de una familia numerosa, el era el último de diez hermanos.
Su padre burgalés era veterinario y como muchos castellanos de la época emigraron a otras comarcas con mejor futuro. La desgracia se vino sobre la familia cuando su madre murió de cólera a temprana edad cuando Casimiro contaba con uno o dos años.
Una enfermedad común por aquel entonces como muchas otras que afectaban a la población. El pintor de niño sufrió también una enfermedad grave, aunque no sabría precisar cual.
El padecimiento de esta enfermedad hizo que al artista le dejara traumatizado para el resto de su vida por lo mal que lo pasó.
Creció en un entorno rural que a pesar de ser humilde no sufrió en exceso necesidades al tener recursos suficientes en este entorno, a diferencia de lo que ocurría en las ciudades donde todo recurso era mucho más limitado.
A la edad de trece años más o menos sobre la mitad del siglo XIX su familia lo envía a Madrid con la finalidad de trabajar en una tienda de ultramarinos de su cuñado y así colaborar con la economía familiar.
Esto que hoy día nos extrañar debido a su temprana edad para trabajar, en aquella época era muy frecuente.
Es entonces cuando llega a Madrid cuando se despierta su faceta artística que quizás siempre tuvo pero no se había manifestado hasta la fecha. O por lo menos no se tiene constancia.
De manera que se apuntó a una academia de dibujo y comenzó a trabajar casi de modo autodidacta estimulando así su sensibilidad artística. La enfermedad de nuevo golpea la vida de Casimiro cuando le aparece un tumor en la cadera.
No se tiene constancia que se le operase de esta dolencia pero a consecuencia de ello contrae una cojera permanente.
Esto le obliga a dejar su trabajo y la academia a la que asistía y volver al pueblo de Matamorosa. Lo que si se conoce es que esta nueva enfermedad sería lo que le causara la muerte temprana finalmente dada a falta de medios en la época.

«Autorretrato de Casimiro Sainz». Oleo sobre lienzo.
Trayectoria artística
Alrededor de 1870 el pintor recibe una beca de la Diputación de Santander lo que le permite regresar a Madrid a retomar sus estudios artísticos. Entonces Casimiro Sainz cuenta con diecisiete años.
Se inscribe en la Escuela de Artes y Oficios donde estudia y se forma en nociones básicas de pintura y dibujo. De aquí entra en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Entre sus maestros figura Vicente Palmaroli al comienzo quien ofreció su estudio para trabajar dada la delicada situación económica de Casimiro Sainz.
Pero con el maestro que pasó más tiempo fue Carlos de Haes, que como otros artistas que se formaron con el llegará a tener ese concepto de la pintura al aire libre que Haes intenta introducir desde su experiencia por Europa.
Pintores como Aureliano de Beruete, Jaime Morera y Galicia o Agustín Riancho entre otros.
Haes inculcó en sus alumnos la experiencia de la pintura al aire libre y por ello mucha de la pintura de estos artistas es realizada con esta disciplina.
Y por supuesto el pintar al aire libre implica viajar. Pero no viajar por cualquier lugar sino viajar por Castilla ya que nos encontramos en los albores de la pintura regeneracionista y la representación natural de Castilla rememorando el pasado de España y sus paisajes.
El paisaje de Ávila, Segovia o Toledo y por supuesto Madrid tienen en un obra un gran protagonismo al igual que harían otros pintores coetáneos a Sainz. Si observamos la obra de los artistas de este tiempo, el paisaje castellano y el Guadarrama y sus cumbre ocupan gran parte de la temática que desarrollan.
También las escenas de tipo costumbristas y retratos y escenas de tipos castizos, refiriéndome con castizo no a lo propio de Madrid sino refiriéndome a lo auténtico de cada región.
Pronto llegarán los premios y en 1876 gana una tercera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes por su obra «El descanso, estudio de un pintor. ¿Qué pensará?» que hoy día podemos ver en el Museo del Prado.
Y en 1881 ganó la segunda medalla por «Vistas de un jardín». Años más tarde aquejado de su salud gana otra segunda medalla por su obra cumbre «El nacimiento del Ebro».

Problemas de salud
La salud mental del pintor se deterioró progresivamente entre 1881-1884. Padecía constantemente delirios místicos donde creía tener contacto con Dios o seres sobrenaturales, también tenía alucinaciones constantes y extravagancias se habituó a acudir a las iglesias a predicar.
Empezó a vestir de modo extraño y todo parecía indicar que poco a poco iba perdiendo la cabeza.
Sus amigos como Manuel Fernández Carpio y pintores como Eduardo Pelayo o Vicente Cutanda en vista de su situación lo ayudaron.
Su situación se volvió insostenible y en 1890 ingresó en el sanatorio psiquiátrico del doctor José María Esquerdo en Carabanchel.
Murió el 19 de agosto de 1898 en Madrid con tan solo cuarenta y cinco años por una infección en la pierna en la que tenía el tumor comentado anteriormente.
Se le dio sepultura en Madrid pero sus restos fueron exhumados en 1922 y trasladados a Reinosa, donde Victorio Macho le levantó un monumento en su memoria.
Es una pena que un pintor de tan gran calidad y del que se subastan sus obras hoy día con unos remates realmente altos tuviera este dramático final.

Estilo y temática,el plenairismo montañés
Sainz es ante todo un paisajista plenairista que pintaba al aire libre, capturando la luz, la atmósfera húmeda, las nieblas, los verdes esmeralda y los efectos de rocío con una fidelidad casi científica.
Pero a pesar de pintar al aire libre lo hacía con gran detalle.
Por eso podemos ver en sus obras algunos apuntes y bocetos realizados rápidamente pero en muchas ocasiones estas pequeñas tablitas realizadas en el mismo lugar tienen mucho detalle.
Es posible que iniciara la pintura in situ para luego acabarlo en el estudio. Toda su pintura está impregnada de melancolía y poesía.
Quizás fuera ese exceso de sensibilidad y de captar todo su entorno lo que le llevó a la locura e incapacidad para vivir en la sociedad del momento.
No era un virtuoso académico ni un revolucionario; era un observador humilde y sincero pero con gran nivel de detalle acercándose mucho al preciosismo que trabajara Fortuny.
Según la crítica Casimiro Sainz “no quitaba ni ponía” en su pintura sino que retrataba fielmente el natural capturando en muchas ocasiones temas sencillos pero que una vez pintados son realmente bonitos. Se podría afirmar que veía belleza donde otros veían sólo algo corriente.
Trabajó mucho los temas de paisajes siendo esto sus temas predilectos, sobre todo los paisajes campurrianos de su Cantabria natal.
Paisajes de la vega de Matamorosa, fuentes del Ebro, Cervatos, Montesclaro y también motivos más costumbristas como escenas de rebaños, nieblas, procesiones. Su pintura se asemeja en cierta medida a la de su paisano Tomás Campuzano y Aguirre.
De su paso por Madrid, tiene muchas escenas de las riberas del río Manzanares y escenas urbanas modestas como calles estrechas con alguna iglesia o convento. El retrato es un género que también cultivó aunque no tanto como el paisaje.
Su técnica destaca por realizar una base abocetada con pinceladas muy disueltas en aceite y trementina y pinceladas más detalladas y con más carga de pintura una vez haya secado la base inicial

Los paisajes de Madrid
Durante su primer paso por Madrid a su llegada a la capital y posterior comienzo de sus estudios de pintura en el taller de Carlos de Haes, el pintor comenzó a pintar Madrid y sus alrededores.
Al igual que lo hiciera Beruete pero con otro estilo o forma de ver el paisaje aunque si es cierto que tocando temas comunes como las lavanderas en las orillas del río Manzanares.
Aunque la pincelada de Casimiro Sainz es más detallada, más pequeña, usa formatos reducidos y detalla todo mucho, a diferencia de las obras de Beruete que son más impresionistas, con una pincelada más alargada y suelta, también influenciado por la pintura europea del momento y por otro lado por Velázquez.
Este tipo de escenas se sabía que eran muy vendidas y por tanto para poder vivir, el pintor realiza series de temas madrileños en pequeño formato a fin de darle buena salida.
Se combina en estas pinturas combinan costumbrismo madrileño con un realismo minucioso y toques plenairistas realizados al aire libre.
Representan un Madrid aún preindustrial, en sus comienzos de una urbe a punto de comenzar a crecer con el río como eje de la vida de algunas clases sociales más humildes y sus personajes de esta época. A continuación muestro algunas de las obras más emblemáticas de Casimiro Sainz de estos temas de Madrid.

Se trata una de sus obras más conocidas de este periodo comentado anteriormente.
En el cuadro se muestra una fuente pública en los alrededores del Paseo de las Delicias, hoy día totalmente irreconocible y que se ubicaba junto a la Glorieta de Atocha o del Emperador Carlos V.
El paisaje de alrededor es irreconocible. Estas fuentes del siglo XVIII de estilo Barroco, se abastecían de las aguas del río Bajo Abroñigal que es uno de los ríos subterráneos que cursaban por el interior de Madrid o también conocidos como «Viajes de agua».
En la composición de la obra, unos muleros y aguadores con sus carros cargados con cubas se surten de agua y dan de beber a los animales.
En torno a la fuente también se puede ver a algunas mujeres vestidas con mantones de Manila típicos de la vestimenta tradicional madrileña esperando a llenar sus cántaros y botijos .
El estilo de la pintura con gran detalle y tratamiento del color tiene su herencia en la obra del pintor Vicente Palmaroli. Se conserva en el Museo de Historia de Madrid.
Una estampa que es testigo de una época y que el pintor ha querido capturar como muestra de un estilo de vida hoy desaparecido.

Este oficio muy duro se dio en muchas provincias españolas a lo largo de los siglos XIX y XX pero es en Madrid donde pintores como Casimiro Sainz o Beruete retratan estas escenas. Estas mujeres bajaban al río a lavar la ropa de la gente más pudiente de la capital.
Algunas recolectaban la ropa de diferentes casas y se la lavaban a cambio de poco dinero, otras sin embargo estaban trabajando internas en diferentes casas y bajaban a realizar este trabajo igualmente.

Estos pintores y en el caso que nos ocupa, Casimiro Sainz, quiso con ello dignificar este oficio, integrando a las mujeres de manera armónica en el entorno natural. Con el paisaje del viejo Madrid al fondo, el Madrid de la zona de la cornisa con la cúpula de la basílica de San Francisco el Grande al fondo.
Casimiro Sainz a diferencia de pintores que tratan este tema como Aureliano de Beruete, se mete de lleno en la escena de las lavanderas mientras que Beruete lo pinta en la lejanía , con las estacas y las ropas en movimiento.
Mientras que uno trata el tema con más detalle y precisión en la pincelada atento a todos los detalles, Beruete utiliza una pincelada más amplia y larga a la vez que rápida para capturar el instante con un modo de entender la pintura más impresionista.
Todos estos cuadros, son un testimonio único del paisaje ribereño del Madrid del siglo XIX, un río algo sucio pero vivo, con lavanderas y aguadores como protagonistas humildes.
Las clases bajas de la sociedad son retratados por el artista pero no guardan esa oscuridad de la España más negra que pintara Ignacio Zuloaga o Darío de Regoyos sino que que es más cercano a Sorolla cuando retrata esos niños con los vientres hinchados de malnutrición en las playas de Valencia.
Es decir, dentro de lo trágico y oscuro de la vida de estas personas, hay un espacio para aportar colorido y luz dentro de esa vida humilde.

Muy conocidos y algunos muy cotizados en la actualidad en las subastas de su obra, pero no tan conocidos apara la inmensa mayoría.
Y es que la variedad de pintores en la Historia del Arte Española es enorme y siempre merece la pena conocer.
En el caso de Casimiro Sainz sin duda un gran artista y un genio que sigue inspirando a muchos artistas con su obra.
Sobre todo muy inspiradora por el tema y el formato que utiliza ya que se trata de un pintor preocupado por la obra en si y no tanto por el reconocimiento, obra en su mayor parte de pequeño formato en la que precisamente por eso encierra una gran riqueza a pesar de su tamaño.










