
El próximo 10 de octubre tendrá lugar la inauguración de la exposición en el Museo Nacional del Prado “Ricardo de Madrazo, dibujos y acuarelas”. Hasta el 17 de enero de 2027 se podrá contemplar un recorrido revelador por la producción sobre papel de uno de los miembros más polifacéticos y menos estudiados de la célebre dinastía Madrazo.
Comisariada por Pedro J. Martínez Plaza, conservador del Área de Pintura del Siglo XIX, esta muestra monográfica rescata la figura del hijo menor de Federico de Madrazo y hermano de Raimundo y Cecilia, cuya aportación al dibujo y a la acuarela ocupó un lugar vertebrador en su trayectoria artística.
El núcleo de la exposición cobra forma gracias al constante esfuerzo de enriquecimiento de fondos que el Museo del Prado ha llevado a cabo en años recientes mediante la adquisición de cuadernos de apuntes, estudios preparatorios y acuarelas terminadas.

A través de este valioso conjunto de obras sobre papel, el visitante puede adentrarse en el proceso creativo e íntimo de un artista que se formó bajo la dirección de su padre y la impronta de su cuñado, Mariano Fortuny, con quien compartió una profunda complicidad técnica y estilística.
Por ello, se puede apreciar la influencia que tuvieron entre si y compartieron, aunque bien es verdad que más fue la influencia de Fortuny sobre Ricardo que viceversa.
Muchos de los temas que Ricardo de Madrazo realiza con estudios de objetos que incorporará más tarde en algunas de sus obras.
Esto también era frecuente verlo en Fortuny. Como por ejemplo el dibujo de la espingarda que muestro a continuación.

Son temas realizados muy en detalle para profundizar sobre cada uno de estos objetos y que llaman la atención del artista.
Es ese gusto por el preciosismo y el nivel de detalle que también tiene Fortuny así como por el coleccionismo de estos artículos con los que se rodeaban en sus talleres.
El discurso expositivo articula las distintas etapas e inquietudes temáticas que definieron la carrera de Ricardo de Madrazo. Destacan de manera sobresaliente sus composiciones orientalistas, concebidas durante sus prolongadas estancias en el Norte de África, especialmente en Marruecos y Tánger.

En ellas, el pintor despliega una extraordinaria sensibilidad para captar la luz mediterránea, la riqueza textil de los vestimentas locales y las escenas cotidianas de los mercados y zocos.
Junto a este bloque orientalista, la muestra exhibe sus cuidadas copias de maestros antiguos del Prado, retratos del entorno familiar, paisajes tomados del natural en sus viajes por Europa y delicadas escenas de género.
Desde el punto de vista técnico, la acuarela de Ricardo de Madrazo se distancia del academicismo más rígido de la época para abrazar una factura de enorme frescura.
Creo que en este sentido, el pintor intenta tomar otro camino independiente donde el dominio de la mancha, la transparencia del pigmento y la precisión del trazo a lápiz conviven en perfecta armonía.
Quizás eclipsados por la grandeza artística de su padre Federico de Madrazo, ambos hermanos, tanto Ricardo como Raimundo deben luchar contra esta circunstancia para hacerse un camino en el mundo artístico.
Y también debido a este motivo su obra se ha diluido en el tiempo no llegando como corresponde al gran público.
Esta exposición no solo pone en valor la maestría del dibujo durante esta época en España, sino que sitúa a Ricardo de Madrazo en el lugar de relevancia que le corresponde dentro del panorama artístico europeo de finales del siglo XIX.
Información y entradas:
www.museodelprado.es
Museo Nacional del Prado.
Paseo del Prado s/n. Madrid. 28014.
Tel +34 91 330 28 00.