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indicando el título de la misma y le responderé
a la mayor brevedad posible.
Acompaño
la foto de este cuadro con la descripción de un paisaje
que en el libro La Mortaja de Miguel Delibes traza con increíble
realismo haciéndonos ver un paisaje típico de
la ámplia y árida Castilla. He pensado que facilitaría
la comprensión de la obra y he decidido transcribirlo
ya que aportaría algo más a la pintura:
El
valle, en rigor, no era tal valle, sino una polvorienta cuenca
delimitada por unos tesos blancos e inhóspitos. El
valle, en rigor, no daba sino dos estaciones: invierno y verano
y ambas eran extremosas, agrias, casi despiadadas. Al finalizar
mayo comenzaba a descender de los cerros de greda un calor
denso y enervante, como una lenta invasión de lava,
que en pocas semanas absorbía las últimas humedades
del invierno. El lecho de la cuenca, entonces, comenzaba a
cuartearse por falta de agua y el río se encogía
sobre sí mismo y su caudal pasaba en pocos días
de una opacidad lora y espesa a una verdosidad de botella
casi transparente. El trigo, fustigado por el sol, espigaba
y maduraba apenas granado y a primeros de junio la cuenca
únicamente conservaba dos notas verdes: la enmarañada
fronda de las riberas del río y el emparrado que sombreaba
la mayor de las tres edificaciones que se levantaban próximas
a la corriente. El resto de la cuenca asumía una agónica
amarillez de desierto. Era el calor y bajo él se hacía
la siembra de los melonares, se segaba el trigo, y la codorniz,
que había llegado con los últimos fríos
de la Baja Extremadura, abandonaba los nidos y buscaba el
frescor en las altas pajas de los ribazos. La cuenca parecía
emanar un aliento fumoso, hecho de insignificantes partículas
de greda y de polvillo de trigo. Y en invierno y verano, la
casa grande, flanqueada por el emparrado, emitía un
“bom-bom” acompasado, casi siniestro, que era
como el latido de un enorme corazón.
Miguel
Delibes, La Mortaja