Para consultas acerca de cualquier obra escriba a: ruben@rubendeluis.com
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El paisaje de Castilla
La obra de Miguel Delibes
ha tenido en mi pintura una influencia determinante ya que los paisajes
que narra en sus libros me han servido de fuente de inspiración para
ir en busca de ellos y con la mirada del pintor plasmarlo sobre el lienzo.La
naturaleza tan presente en la obra de Delibes ha influído de manera
notable en mi pintura también, por ello aquí dedico algunas
obras a la memoria de este gran escritor.
Se trata de varios extractos de sus diferentes
libros en los que habla sobre el paisaje de Castilla que tanto he estudiado
a lo largo de los últimos años.A nivel técnico se trata
de un tabajo minucioso de investigación de la composición
y color de estos paisajes en los que en apariencia parece sencillo trabajar
debido a la amplitud de cielos y campos carente de cualquier relieve y elemento
que lo adorne y esto hace que el motivo tenga más verdad que otro
motivo, es decir que lo que se pinta deba estra en su sitio de manera correcta
ya que de otra manera saltarían a la vista los errores cometidos,
cosa que es más fácil de corregir en cuadros con elementos
adicionales como árboles o montañas.
La dificultad entraña en que
cada una de las divisiones de cada terreno delimitada por la gente del campo
han de tener su perspectiva adecuada y su color correcto, es decir su tono
de color correcto.
A continuación
se puede leer la dedicatoria que realizó Miguel Delibes a Rubén
de Luis al recibir un cuadro sobre un paisaje castellano como motivo de la
pintura.
El libro sobre el que va la dedicatoria es "Señora de rojo sobre
fondo gris" una de las grandes obras maestras de Miguel Delibes.
Enlaces sobre Miguel Delibes:
El paisaje Castellano
"Ancha es Castilla, reza un viejo
y acreditado aforismo. Pero si Castilla es ancha o no lo es depende no sólo
de la perspectiva que adoptemos para contemplarla, sino de la parte del país
que recorramos, lo que equivale a afirmar que Castilla, antes que ancha —o
además— es varia y diversa. M. Bartolomé Cossío
afirma que el paisaje de Castilla es el cielo, mientras Ortega y Gasset asegura
que en Castilla no hay curvas.

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Tales afirmaciones —cielo alto y tierra llana, uniforme—, la impresión
de infinitud y vacuidad que su paisaje produce en el forastero, se refieren
a la Castilla llana y, más propiamente aún, a la Tierra de Campos.
Esta Castilla, la Castilla árida y desamueblada, dotada de elementos
mínimos, es la Castilla de Unamuno, Azorín y Machado, la Castilla
espectacular precisamente por la carencia de ornato, por la falta total de
espectáculo."
(del libro Castilla, lo castellano y los
castellanos)
La pimpollada del páramo
"Todo eso es de la parte de poniente, camino de Pozal de la
Culebra. De la parte del naciente, una ves que se sube por las trochas al
Cerro Fortuna, se encuentra uno en el páramo. El páramo es una
inmensidad desolada, y el día que en el cielo hay nubes, la tierra,
tan parece el cielo y el cielo la tierra, tan desamueblado e inhóspito
es.

Cuando yo era chaval, el páramo no tenía principio ni fin, ni
había hitos en él, ni jalones de referencia. Era una cosa tan
ardua y abierta que sólo de mirarle se fatigaban los ojos. Luego, cuando
trajeron la luz de Navalejos, se alzaron en él los postes como gigantes
escuálidos y, en invierno, los chicos, si no teníamos mejor
cosa que hacer, subíamos a romper las jarrillas con los tiragomas.

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Pero, al parecer, cuando la guerra, los hombres de la ciudad dijeron que había
que repoblar, que si Castilla no llovía era por falta de árboles,
y que si los trigos no medraban era por falta de lluvia y todos, chicos y
grandes, se pusieron a la tarea, pero, pese a sus esfuerzos, el sol de agosto
calcinaba los brotes y, al cabo de los años, apenas arraigaron allí
media docena de pinabetes y tres cipreses raquiticos."
(del libro Viejas
historias de Castilla la Vieja)